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Obra seleccionada

V Edición Franqueados

Dirigida por Jorde de la Cruz

27 abr - 29 jun 2017

En colaboración con JustMad 2017, Madrid

Texto de la artista_

Apuntes y esbozos

Das Unheimliche es el sentimiento (estético, esto es, de los sentidos mismos) de no reconocer lo más familiar. El ejemplo más claro es que pone Sigmund Freud en su texto Lo ominoso (1919) es el encuentro con su propia imagen en el cristal de un coche-cama de un tren en mitad de la noche; ¿qué hay más familiar que la imagen de uno en un espejo? El texto plantea, entonces: lo más familiar es, precisamente por ello, aquello en donde hay lo más «in-familiar» (en alemán, la raíz de la palabra es «heim» que significa lo hogareño, lo familiar, allí donde tengo la confianza y estoy como en casa). Cuando Freud se da cuenta de que no se ha reconocido a sí mismo (no en el mero aparecer de una figura espectral que podría darle miedo) es cuando se le impone describir esa sensación con la sustantivación de un adjetivo que es muy corriente en alemán, pero que rara vez se repara en él: Das Unheimliche. Al observar detenidamente una fotografía, se encuentra en ella un granulado muy propio de las imágenes: esto no tiene por qué deberse a una mala definición, pues a veces son las motas de polvo que flotaban en el ambiente en la toma de la imagen, que han quedado atrapadas en el papel, al igual que los rostros de los retratados y las ruinas de los lugares en los que se encontraban. Los dibujos que aquí se encuentran aluden continuamente a dicho ambiente, a ese grano. Al mismo tiempo, la obra alude a los hallazgos casuales de la cotidianidad, enmarcando así objetos tomados directamente de la realidad, tales como una nota que fue encontrada en La poética del espacio de  Gaston Bachelard: objetos que hacen recordarnos que las casualidades existen si nosotros las dejamos ser y producirse. El fuera-de-campo del que hablaba Philippe Dubois en El acto fotográfico es comprensible en el momento en el que se sostiene la imagen y es tomada una nueva fotografía de ello con una máquina Polaroid. El espacio y el tiempo que separa la imagen primera de la que ahora se ha impreso se completa y se expande junto a los objetos que en ellas se representan: un viejo peluche que no deja de sonreír, y una historia interminable que creo que jamás dejará de ser contada.

El rincón se convierte en un armario de recuerdos.

Habiendo franqueado los mil pequeños umbrales del desorden de las cosas polvorientas, los objetos-recuerdos ponen el pasado en orden.
 

Gaston Bachelard, La poética del espacio